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5 de septiembre de 2010

DESDE MI VENTANA

Hola amigos:
En el discurrir de cada uno en el arte de la vida, hay momentos en que parece que todo se te oculta en el más difícil todavía y se te nubla el horizonte del presente . Retomas las esencias del pasado y te revuelcas en el lodo de los recuerdos . Son estados no deseados que sin embargo te atan y aprisionan al banco de la inseguridad y el desasosiego. Gracias a ocasionales circunstancias, te levantas y retomas posiciones y propósitos.
Parte de esa circunstancia la tiene este maravilloso libro estructurado por Marta Osorio : Miedo Olvido y Fantasía , Crónica de la Investigación de Agustín Penón sobre Federico García Lorca.
Es libro en el que descubres todos los entresijos del asesinato de Nuestro Gran Federico García Lorca , uno de nuestros más impresionantes poetas y dramaturgos... a lo largo de su lectura se detesta el intenso odio que la España del "Antiguo Régimen" acumulaba y que exhalo por todos sus poros en contra de la creatividad, la libertad de la persona y el progreso de nuestros pueblos. Se mastica el ambiente de terror que instauro el generalito y el miedo que inundo a toda una nación ,donde campeo a sus anchas la injusticia, la soberbia, el desprecio por la persona libre , todo ello en beneficio de una minoría que aún hoy día da sus "latigazos".
Miedo,olvido y fantasía me han ayudado a conocer más esas épocas tristes de nuestra historia y a la vez me han afianzado en mi posición en defensa y lucha de la libertad de la persona y los pueblos
Transcribo una crónica de los abatares de su publicación.



Agustín Penón llegó a Granada en 1955 con la intención de pasar sólo unos días, con un espíritu más curioso que inquisidor, pero la vida de la ciudad lo enredó de tal manera que no quiso abandonarla hasta concluir sus trabajos sobre la muerte de Federico García Lorca. Y en ella residió más de un año y medio. El quebranto económico, la ruina sería más exacto decir, que le ocasionó aquella aventurada permanencia fue no obstante inferior a la perturbación emocional que sufrió. Sorprende pensar cómo el curso de una vida depende tantas veces de una decisión banal e impremeditada. Nada fue igual para él desde entonces. Quienes lo conocieron afirman que aquellos meses trastocaron su vida para siempre.




Nunca fue capaz, sin embargo, de ordenar y publicar el resultado de su minuciosa y arriesgada investigación. Y no por temor a la escritura (es sabido que su fortuna la debía en parte a un serial radiofónico que elaboró junto a su íntimo amigo William Layton) sino por alguna razón que tiene que ver más con la psicología que con la literatura. En el documental televisivo al que hice referencia en la entrada anterior, Marta Osorio habla del temor paralizante de Penón a no estar a la altura de lo que García Lorca se merecía. Es probable. Lo cierto es que durante años sus apuntes permanecieron arrumbados en una maleta, sin que al parecer hiciera tentativa de darles forma. Su obstinación y sus hallazgos no habrían de resultar, sin embargo, estériles. La fuerza de la amistad lo habrían de impedir, aunque medio siglo más tarde. El libro Miedo, olvido y fantasía es el homenaje que Marta Osorio rinde al amigo que conoció fortuitamente cincuenta años atrás. Un homenaje de amor.

Porque ocurrió que durante su estancia en Granada Agustín Penón fue testigo de un suceso que ahora nos hace sonreír, pero que entonces podía dañar y marcar el rumbo de una vida, como así ocurrió. Pocos episodios como aquél podrían condensar la sombría realidad de una época y una ciudad. En junio de aquel año, el Teatro de Cámara Universitario estaba ensayando La Celestina, de Fernando de Rojas, para ponerla en escena durante las fiestas del Corpus. Inesperadamente, el alcalde de Granada, en connivencia con el gobernador civil, el arzobispo y el rector de la universidad, prohibió la representación a causa, según se hizo público, de "los graves reparos de orden moral" que se habían formulado contra la obra (sí, así eran las cosas durante la dictadura de Franco). La policía político-social no podía faltar en aquel esperpento, y no faltó, pues estuvo acosando a los jóvenes actores en sus reuniones, como tampoco faltaron los representantes de la iglesia católica, uno de cuyos sacerdotes fue el instigador de la prohibición y también el autor de las maledicencias contra la muchacha que iba a encarnar el papel protagonista de la obra, y cuya amargura sólo ella podría relatar. Aquella malograda Celestina, aquella joven víctima de la intolerancia y la estupidez reinantes, se marchó unos años después a Madrid en busca del éxito como actriz y también en busca de un aire un poco más respirable que el de Granada. Ya habrán adivinado que se trataba de Marta Osorio. En Madrid asentó su amistad con William Layton, el amigo norteamericano de Agustín Penón, afincado entonces en España como director teatral y que tan decisivamente habría de contribuir a la renovación de la escena española, y con el propio Agustín Penón, durante sus posteriores visitas a España. La vida de los tres, Agustín, Marta y William, quedó así trabada para siempre. A la muerte de Penón, William Layton heredó la maleta con los 'papeles' de su amigo, y tras la muerte de Layton la maleta llegó a manos de Marta Osorio, quien ha sido la encargada de concluir, con admirable generosidad e inteligencia, el sueño de su lejano amigo.





No sabría decir exactamente cómo conviene leer el libro, si como un relato o como un ensayo. Quizá de ambos modos, pues su mayor virtud es su dualidad. Es cierto que Agustín Penón no concibió el libro como una narración, pero nosotros sí podemos leerlo así. Lo que seduce particularmente del libro es la posibilidad de conocer no sólo el resultado de una investigación sino el proceso mismo. Gracias al peculiar sentido literario de Penón vamos conociendo sus pesquisas, pero al mismo tiempo la manera de hacerlas. Penetramos con él en las tabernas de Granada, con él acudimos a los hospitales e iglesias de la ciudad, de su mano conocemos a jerarcas franquistas dicharacheros y a intelectuales amargados y recluidos, su curiosidad nos conduce por salones y cocinas donde se habla de García Lorca con voz baja y amedrentada. Además de una paciente y detectivesca indagación, el libro es un retrato diáfano de una ciudad amilanada, recelosa y amnésica. Al hilo de sus investigaciones, Agustín Penón va mostrando una galería de personas de la ciudad que en este libro, y al cabo de los años, adquieren de repente la condición de personajes. Como en las mejores narraciones, el lector puede percibir los latidos íntimos de una época. La sagaz mirada de Penón nos permite conocer las jactancias de unos y las desconfianzas de otros, los recuerdos y las omisiones, las mentiras más mostrencas y las lealtades más incorruptibles. Y ahí reside uno de los grandes valores del libro, en lo que tiene de testimonio además de averiguación. Veo en este libro la simiente de una gran novela sobre Granada.

Y que sea en esta ciudad donde finalmente se publique el texto completo de las investigaciones le añade un gran significado. Demuestra que se va resquebrajando el espeso dique de silencio que durante años ha impedido hablar con franqueza de la muerte de García Lorca y de los otros miles de crímenes, lo cual más que un motivo de enconamiento es una razón para el entendimiento civil. La memoria indulgente es el patrimonio más valioso de los granadinos libres y comprometidos. Por eso debe agradecerse a la Editorial Comares la voluntad de publicar un libro que es también una recompensa a la lealtad de Marta Osorio hacia sus amigos. Sé que durante el prolongado y fatigoso trabajo de reconstrucción de los manuscritos de Agustín Penón, la autora atravesó trances de extrema desesperación y más de una vez sintió la tentación de la renuncia. Pero superó esos momentos de desaliento recordando a quienes le habían confiado la tarea de restituir la memoria, de formalizar un regreso necesario y definitivo. Su más alta satisfacción debe ser la de haber contribuido a restablecer el orden justo de las cosas.


Miedo, olvido y fantasía. Crónica investigación Agustín Penon sobre Federico García Lorca.
Editorial Comares.